El último domingo de junio mamá trabajaba y los chicos estaban de vacaciones, así que metí en la mochila unas almendras y una botella de agua y decidí ir a dar un paseo por la montaña.
El caso es que me lié y terminé en Cabezas de Hierro.
De bajada, pasando tan cerca de la Poza de Sócrates... no me pude resistir.
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