Unos días de agosto los pasamos en Mutriku. Vino Valeria.
Es una gozada ver pasar los años y seguir manteniendo las amistades, salir a cenar con las familias, los chicos...¡Qué guapos todos! ¡Qué formales y sanotes!
Lo de la invasión subsimia son solo imaginaciones de algunos conspiranoicos.
El sábado 9 de agosto, Javier y yo nos fuimos a vivaquear a la Laguna Grande de Gredos. Echamos el saco al lado de la Charca Esmeralda. El valle iluminado por la luna llena daba un paisaje espectacular, de otro mundo.
A la mañana siguiente buscamos, algo más arriba, alguna pozilla donde darnos un refrescante baño.
Nada se iguala a dormir con tu hijo bajo las estrellas. ¡Lástima que esta vez faltara Nico!
Un domingo de julio nos fuimos mamá y yo a buscar la poza Joselu. Dejamos el coche en el Puerto de Cotos y bajamos por los senderos y pistas que nos llevaron a tanquetas bonito lugar.
El agua estaba muy, pero que muy fresquita.
Después de unos baños, remontamos el Valle de la Angostura y nos dimos otros baños en la Poza de Sócrates.
Mamá y yo lo pasamos muy bien cuando hacemos estas salidas al campo. Me encanta verla disfrutar de la naturaleza. Ella encuentra en el bosque y en las aguas de montaña, algo que va más allá de lo material. Le llena el alma, igual que a mi.
Un domingo de julio por la tarde, fuimos a ver los campos de lavanda de Brihuega. Parece ser que llegamos a la mejor hora, al atardecer, casi en el ocaso. Mamá, Nico y Javier con Valeria.
Después cenamos en Brihuega. ¡Qué tarde más bonita!
El último domingo de junio mamá trabajaba y los chicos estaban de vacaciones, así que metí en la mochila unas almendras y una botella de agua y decidí ir a dar un paseo por la montaña.
El caso es que me lié y terminé en Cabezas de Hierro.
De bajada, pasando tan cerca de la Poza de Sócrates... no me pude resistir.
No veas la que está cayendo de nieve en la montaña. Un manto de nieve enorme sobre la Sierra de Guadarrama.
Una vez más, teníamos la intención de hacer cumbre en Peñalara y, una vez más, ni llegamos a la Hermana Menor. Demasiado viento como para pasar de la altitud del Zabala.
Bajamos "a troche" hasta la Laguna Chica de Peñalara.
Desde ahí bajamos hasta conectar con el Camino del Agua.
Una vez ahí, nos quitamos toda la ropa que pudimos y... ¡a disfrutar del fresco!
Hace unos meses que descubrimos el método Wim Hof y estamos empezando a ponerlo en práctica.
Si el mes pasado fuimos Javier, Nico y yo a la poza de Sócrates, en febrero nos acercamos Javier y yo a la cascada Valtueña.
El bosque siempre es una maravilla y cuando te metes en él en invierno, bajo cero, puedes sentir el frio pero los arboles te protegen del viento, así que pudimos hacer nuestra pequeña ruta desde El Puente de la Cantina abrigados con apenas una sudadera.
Una vez delante del la cascada, no lo pensamos dos veces, nos dimos un pequeño baño y volvimos al coche mientras anochecía.